viernes, 9 de enero de 2015

:)

Me persiguen, y bueno, tampoco me importa huir, lo llevo haciendo mucho tiempo. Cojo un pasaporte falso, una maleta vieja y una manzana, yo que sé, por si me entra hambre.
Cierro la puerta. No voy a echar de menos nada.

Me vienen a la mente recuerdos:
-Al primero, le clave el cuchillo con el que estaba cortando la calabaza cuando llamó a la puerta. Me sentí tan mal después que casi me desmayo, pensé en confesarme pero recordé que no creo en dios.
-El siguiente, llamo tres meses después, le invite a pasar para tomar un café, cuando se dio la vuelta le rompí un jarrón en la cabeza. Esta vez solo fue un pinchazo de culpabilidad, pero un café y como nueva. 
-Al tercero, le estrangule con el cable de la aspiradora. Le enterré en el parque, porque me gustaba la idea de que sirviera de abono, y que su vida diera lugar a más vida. Llamadme romántica.
-Me compré una pistola después, y menos mal, porque vinieron dos a la vez una mañana de enero, por eso de que las desgracias nunca vienen solas. Les disolví en la bañera, para algo sirve estudiar algo de química.

Y nada, la policía, la CIA, la Interpol.... y sobre todo la asociación de carteros. 
En  casi todas las oficinas de Correos tienen un cartel mio en blanco y negro, salgo con un ojos más cerrado que el otro y despeinada, pero bueno, tampoco me puedo quejar, aunque les he enviado una foto mejor, con los labios rojos, a ver si la cambian.

Que ya sé lo que dicen, que no culpes al mensajero, y de verdad que no lo hago... pero a ver quién cojones se atreve ahora a traer malas noticias.

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