miércoles, 26 de abril de 2017

Resilencia.

Siempre hay un tren después de otro tren, al que tampoco llegas.
Y son las 12:31 y el último, el de las 12:30, acaba de efectuar su salida desde tu estación.
Te cagas en los muertos del metro de Madrid, en la zorra que anuncia las estaciones y en ti.
En ti sobre todo.
Si no hubieras tardado tanto en ponerte guapa, total, mírate, tampoco es que lo hayas conseguido.
Si no hubieras visto el final de la serie, que qué cabrones, siempre ponen la hostia de anuncios antes del final.
Y si no te hubieras entretenido escuchando a tu vecina (mire señora, que ya siento lo de la crisis, pero por mucha coleta que lleve yo no soy Pablo Iglesias)
O pasandoles a los niños el balón. Se le quitan a una las ganas de ser madre eh.
Y esa señora hubiera podido sola con las bolsas, tenías que hacerte la machota. Y encima que ayudas a alguien, el karma, el puto karma te lo devuelve así, perdiendo el tren.
Y después de 10 minutos tirada en la estación, mirando las vías, despotricando contra ti y contra tu mala suerte, haces lo unico que una puede hacer:
Te levantas y echas a andar.

¿Un poco la vida no?

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