lunes, 1 de diciembre de 2014

IIEE DCMBR

Nunca me había dado cuenta de lo grande que era mi cama, hasta que te fuiste.

Y entonces vi que cabía todo el invierno, las calles de Madrid (grises sin nosotros), la tristeza que deja una ausencia, la ausencia, los monstruos, las pesadillas, la necesidad de una caricia, la oscuridad y el miedo a la oscuridad, la falta de risas, el odio, las ganas, tu recuerdo, el mio sonriendo, el  de nosotros mordiéndonos las clavículas...

Por eso no, mi cama no esta vacía sin ti.

Esta llena, demasiado llena, de hecho, a veces, ni quepo yo, asique me voy al sofá y intento recordar cuando dejamos que colonizaran algo tan nuestro.

¿Por qué no luchamos por nuestro hogar?

domingo, 30 de noviembre de 2014

Do you wanna dance do you wanna fight.


-¿Cuando vuelves?
-En media hora

Volver a casa,
que el camino de ida se convierta en tu casa.
Volver volviendo.
No ir a casa para estar en casa.
Que nadie te eche de menos.
Que te la sople.

No querer volver a casa,
Que el camino de huida se convierta en tu casa.
Ir a casa para no estar en casa.
Que te echen de menos.
Que te la sople.

-¿Estas bien?
-Yo siempre estoy bien

Tatuarte el "be strong" en la espalda de otro.
De cualquiera que entre en tu vida,
 como reto de iniciación.

Porque todos se acaban yendo,
y así lo leerás mientras se alejan.

No apoyarte en nadie,
para no malacostumbrar al cuerpo,
y que aguante cuando dejen de estar.

Que te tiendan la mano.
tenderles el dedo corazón.

Autodestrucción sana.
O por lo menos propia.




jueves, 27 de noviembre de 2014

Caer no es volar hacia abajo.

Se rascaba la cicatriz cuando la vida arañaba,
para recordar
que podría ser peor,
que fue peor,
que había cosas que dolían más.

Se rascaba la cicatriz
para darse fuerza,
para seguir adelante.

De tanto rascarse
la cicatriz se abrió,
se convirtió en agujero,
en abismo,
y que difícil es salir del dolor
cuando estás acostumbrado a caer
cuando eres adicto a caer
cuando sólo sabes caer.


De tanto rascarse, ella se convirtió en cicatriz.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

De un motel llamado "como la vida misma".

Al final,
no has entendido que me ponen los moteles de mala muerte,
esos con paredes rojas que tu me dices que no toque,
con sábanas sucias, que apartas antes de tirarme encima de la cama.

Dices,
que merezco más,
que soy una princesa,
y no tienes ni puta idea.

Me encontré una corona un día en la calle,
y la vendí para pillar tabaco.
¿Y?

Si a mi me gusta que pienses que soy perfecta,
pero déjame que siga cavando mientras una tumba,
para cuando mate todas tus idealizaciones,
y me veas pala en mano, botas llenas de tierra,
riéndome de la zorra a la que enterramos.


Algún día te diré que ya no creo.
Ni siquiera en la poesía,
pero hoy no,
quiero que sigas pensando,
que tengo alguna esperanza,
que tengo salvación.

Aunque te advierto,
que la salvación ya la he buscado,
la encontré,
la invité a un trago,
y me desperté tirada en esa habitación del motel de mala muerte,
con las paredes rojas, las sábanas sucias,
sabiendo que esa noche era sólo,
una prueba
para cuando fuera la puta de Dante.

martes, 7 de enero de 2014

Mañana tengo examen yujuuu

Hoy
Cuando he llegado a casa
Se me ha ocurrido una cosa muy chula,

¿y si
realmente
todos fueramos caracoles,
que llevábamos nuestra casa a cuestas,
y que un día,
cansados de llevar también
sobre la espalda
el peso del mundo,
soltamos nuestro hogar,
para descansar un rato,
y en ese momento de confusión,
de esa es tuya,
esa es mia,
otra persona,
sin querer-queriendo,
se hubiera llevado nuestra casa?

Y da igual si estamos en París,
en China
o
en nuestra cama arropados

porque sólo donde esté esa persona, estará nuestro hogar.